lunes, 5 de julio de 2010

Tu sonrisa que no está.

Vine a decirte que no te olvidé.
Que te amo como hace 9 ó 10 años. Cuando te veía pasar, tan desinteresado. Tu mirada tan profunda, concentrada únicamente en tus pensamientos. Tu remera azul, que te llegaba hasta las rodillas.
Vine a decirte que hace 3 años, a los 11 supe lo que era amar.
Que desde esa temprana edad, desde ese día de verano, cuando te acercaste a hablarme, me temblaron las piernas. Mis cachetes se convirtieron a rojos, mi boca en sonrisa nerviosa.
Desde que pronunciaste esa frase estúpida, que solo para mi tenía un valor tan significativo.
Desde ese momento, me pasa, cada vez que te veo, exactamente lo mismo que la primera vez que escuché tu voz.
Me gustaría, me encantaría, poder decirte todo esto que siento de frente.
Pero no, no puedo. Me temblarían las piernas, me pondría roja, la sonrisa nerviosa, llanto, angustia. No me atrevería a abrir tanto mi corazón. Por miedo a una desilusión, o a un paro cardíaco.

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